(Opinión)

La última decisión del Gobierno de Lenín Moreno, de eliminar el subsidio a los combustibles en Ecuador, tocó directamente el bolsillo de un poderoso y peligroso sector; el dedicado al contrabando. 

 

Son al menos 212 millones de dólares que pierde el país cada año, según el Ministerio de Finanzas. 

 

Principalmente en la frontera norte, donde operan bandas vinculadas al narcotráfico y a los grupos armados irregulares de Colombia. 


El combustible subsidiado; además de mover el aparato logístico de las mafias, alimenta sus fuentes de financiamiento. Los grupos irregulares se han hecho del control de toda la cadena de comercio ilegal en Colombia y Perú, donde el combustible cuesta más. 

A esto hay que sumar que el combustible se usa como un insumo para el procesamiento de droga. Principalmente de cocaína, por lo que representa un jugoso negocio que ahora comienza a tambalear.

Por eso no es de extrañarse que en esta coyuntura, las estructuras vinculadas al contrabando se hayan colado en las justas protestas de los sectores sociales que se han movilizado en contra de las medidas económicas. Ya sea de forma directa o a través de las redes de apoyo que han  logrado estructurar tanto en la frontera, como en la zona urbana. 

 

Los saqueos, la agresión a ciudadanos, la destrucción de vehículos particulares, los robos, los secuestros, el ataque programado a tanquetas de la policía y el nivel de violencia en los enfrentamientos, no tienen precedentes. 

 

Dan cuenta de un vandalismo organizado, especializado, que puede comprometer la estabilidad democrática del Ecuador y que el Estado tiene la obligación de desenmascarar y enfrentar con decisión, si quiere superar esta crisis.

 

No basta con una respuesta política. Urge una rigurosa aplicación de la Ley.

Martes 8 de octubre de 2019

Una publicación en la prensa nacional sobre el festejo organizado a propósito del Día del Padre en la Subsecretaría de Educación de Quito alentó una polémica que no tardó en propagarse en redes sociales.

El tema de fondo; el mal uso de bienes públicos, no deja espacio a réplica. En el Art. 16 del Reglamento General para la Administración, utilización, manejo y control de bienes del sector público se señala que los bienes, incluidos los inmuebles, deben utilizarse únicamente para actividades propias de la entidad. ¡Clarísimo!

Es prohibido utilizarlos para fines políticos, electorales, doctrinarios, religiosos, o “para actividades particulares y/o extrañas al servicio público o al objetivo misional de la entidad u organismo”, como el Día del Padre, de la Madre, la Familia o para ver el partido de la selección de fútbol.

Pero lo que también ha convocado la atención de este caso es el sesgo con el que se han referido a las artistas que participan en ese festejo en medios y redes. Hay un énfasis, casi morboso, para describir sus trajes “muy cortos” y el género de música que interpretan: tecnocumbia.

Si bien es cierto que existen géneros musicales que se han construido alrededor del sexismo y la cosificación de la mujer, eso no le resta el derecho a cualquier persona; en este caso a las artistas, de vestir como les venga en gana e interpretar las canciones que les gusten.

El riesgo de estos enfoques; es decir, llevar la atención hacia las mujeres y su forma de vestir, cuando la noticia de fondo iba por otro andarivel,  es que promueven lo que seguramente se quiere combatir: el sexismo, la cosificación.

Lo dicho preocupa aún más porque la selección del grupo musical para el Día del Padre no fue casual. Seguramente se ancló al estereotipo de que los ‘hombres’ ‘disfrutan’ de grupos femeninos con poca ropa porque son más ‘instintivos’ y que, en contraste, las ‘mujeres’ ‘disfrutan’ de mariachis y tríos, porque son más ‘sentimentales’. Criticable, absolutamente, en cualquier caso.

Pero el meollo no está en el vestuario de las artistas, el género de música o la forma de bailar, sino en la asociación mental que se hace. Así como un vestido puede ser un ícono de rebeldía o liberación, también puede ser uno de discriminación, porque el problema no está en el tamaño de la tela.

24 de junio de 2019

‘Contracampaña’, ‘campaña de contraste’, ‘campaña ciudadana’. Da igual el nombre que surja de la inventiva marketinera. Se refieren a lo mismo: criar jaurías de cuentas falsas en redes sociales, alimentarlas; entrenarlas y blindarlas, para que en el momento indicado se usen en la batalla política.

Creía que era un recurso indispensable. En la Academia se lo disecciona como un componente más de la campaña. Y los ‘emprendimientos’ de asesoría que ofertan el ‘servicio’ se multiplican como virus.

Estaba convencido de que era legítima, siempre que no se transgreda  esa línea ética que separa la verdad, de la sexy mentira. Inventar les es más cómo que investigar. Pero, ¿qué tan efectivas pueden ser? ¿Sirven para debilitar al oponente? ¿Pueden generar tendencias? Estoy más convencido que NO.

Esas campañas son útiles para entretener, alimentar la necesidad de venganza e incluso saciar el morbo político, pero no para persuadir. El votante no cambia su preferencia electoral por un tuit o un post de una cuenta falsa. Demasiado funcionalismo para una sociedad interconectada. 

Además, las 'contracampañas' tienen un efecto bumerán. En lugar de mermar la imagen de un oponente lo victimiza y es fácil capitalizarlo. Más si se comete la torpeza de acostarse con la inventiva. Redes como Twitter y Facebook han ajustado su algoritmo para que la cantidad de mensajes y hashtag no sea lo único que determine una tendencia. La interacción tiene un mayor peso y esta no se consigue con rebaños de cuentas falsas ensalzando a los políticos.

Al igual que en la vida real, los mejores seguidores no son los imaginarios, sino los reales. Aquellos con los que los políticos saben que pueden contar, que están pendientes de lo que hacen, piensan, dicen. Que apoyan y critican cuando deben hacerlo. Adquirir esos seguidores cuesta más tiempo y esfuerzo. Demanda de una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Una voluntad política para asumirlos como protagonistas y no solo espectadores. 

Si efectivamente resulta indispensable una campaña de contraste, no hace falta escudarse en jaurías o rebaños. En el mundo online hay que hacer, decir y actuar igual que lo haríamos en el mundo offline.

20 de mayo de 2019

El Rey Luis XIV gobernó Francia durante 72 años. El poder se convirtió en su mayor obsesión. Perderlo, en cambio, en su mayor angustia. Lo llevó hasta el abismo de la paranoia. Se creía perseguido, acechado, blanco de permanentes conspiraciones. Incluso por parte de sus colaboradores a quienes tildó, de forma recurrente, como traidores.

El poder lo encandiló. Lo privó de la claridad suficiente para tomar decisiones acertadas. Lo que le sucedió a Luis XIV pasa en la actualidad, con una camada de políticos a la que el poder les llegó como un regalo y les sonríe de forma momentánea.

 

Ante la incapacidad de autocrítica para gestionar las divergencias, los escenarios adversos y los errores propios, es cómodo y conveniente atribuir los desaciertos a otros e imponer las decisiones, como si en verdad así se pudiera deconstruir la realidad. Error.

El poder es efímero y hay decisiones que no prescriben. Que pueden convertirse en una sombra y comprometer el futuro de cualquier político. Evitarlo implica, en primera instancia, alejarse de ese estado de paranoia política, que no evidencia otra cosa que la incapacidad para gobernar.

Pero también se vuelve imperioso romper ese cerco de zumbidos de aduladores bajo contrato que envuelven a los políticos y hacen que se pierda el foco de lo que realmente ocurre a su alrededor. Gente cuyo mayor o único mérito es un manto de confianza que muchas veces se confunde con complicidad, con silencio, con encubrimiento.

 

En contraste, salir de ese estado de delirio político implica tener cerca a colaboradores incómodos. Que se indignan, que alertan, que cuestionan, que dicen lo que nadie quiere escuchar. Que son frontales, que ven más allá de un salario, un puesto, o el efímero poder que puede sonreírle.

Más aún en tiempos en que las redes sociales y las nuevas tecnologías de la comunicación pueden usarse para construir otras realidades, sacar de contexto hechos o forjar historias a la medida de los intereses y agendas de los "traidores" o aduladores. También para ser un caldo de cultivo de la paranoia política. Algo con lo que el Rey Luis XIV no tuvo que lidiar. 

13 de mayo de 2019

Los resultados de las elecciones de marzo de 2019 lo confirmaron: pocas mujeres acceden a cargos de elección popular. Solo 22 de los 221 municipios estarán en manos de mujeres, al igual que 4 de las 23 prefecturas. La ausencia de candidatas no fue una razón. De los 81 278 inscritos; el 49,16% fue mujer. Y más de la mitad de electores (6.669.428 de un total de 13.261.994) eran mujeres.

Pero también la pérdida de la capacidad movilizadora por los derechos de las mujeres. Los avances que se han logrado a lo largo del tiempo no han sido dádivas. Al contrario, resultaron de la movilización de las mujeres y de los grupos defensores de derechos. Tuvo su auge en la década de 1990, pero desde entonces ha mermado.

Una explicación se ata a la deuda histórica que tenemos como sociedad con los derechos políticos. Apenas en 1997 se aprobó la Ley de Amparo laboral, con la obligatoriedad de que la integración de las Cortes Superiores de Justicia, Juzgados, Notarías y Registros tengan un mínimo del 20% de mujeres. Y en 1998 se incluyó en la Constitución la participación equitativa de hombres y mujeres en elecciones.

A esto hay que sumar los escasos espacios públicos y privados para fomentar su participación política, el machismo (aún se cree que la política es solo para hombres) y la violencia de género en la política.

En la actualidad, parecería que esa efervescencia migró a las redes sociales y se ha quedado atrapada ahí sin posibilidad de ejercer una influencia directa, transformadora, en el mundo offline.

 

Si queremos que la representación política de las mujeres en los cargos de elección popular mejore, resulta fundamental recuperar esa capacidad movilizadora que permitía juntarse, elaborar propuestas y coincidir alrededor de causas comunes, necesarias e improrrogables.

27 de abril de 2019

Distanciamiento entre Moreno y Correa se ahonda

La pugna entre el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, y el exmandatario Rafael Correa sube de tono. Correa se convierte en el principal opositor de su heredero. Moreno busca legitimarse luego de un apretado resultado electoral en los últimos comicios generales.

El anuncio de una consulta popular impulsada por el Gobierno resucitó la posibilidad de eliminar la figura de la reelección indefinida. Esta fue incluida en un paquete de enmiendas constitucionales, en diciembre del 2015. Una mayoría oficialista la aprobó en la Asamblea Nacional, pese a las críticas que generó en su momento. Se alertó, por ejemplo, que es un instrumento para facilitar la concentración del poder. que mina la independencia de las funciones del Estado y que construye el caldo de cultivo ideal para que la corrupción eche raíces en las instituciones públicas. El tiempo dio la razón a la oposición. La alternancia ha sido un elemento fundamental para permitir el control y la fiscalización. Pero esto no se tomó en cuenta. El oficialismo, incluso, adecuó el discurso para imponer la idea de que es la población la que tiene la última decisión, en las urnas.

Y que, por tanto, la reelección se convierte en una expresión más de democracia directa, de derechos. ¡El pueblo es el soberano! Si en verdad creyeron, o creen en ese discurso, por qué entonces no dejar que el soberano sea quien determine esta vez, por medio de una consulta popular, si quiere o no seguir con la reelección indefinida. O si considera que es más democrática otra fórmula. Como la chilena, que obliga a los candidatos presidenciales a estar alejados un período si quieren volver al poder. O la mexicana, en donde cualquier tipo de reelección está bloqueada para el Presidente. Por qué tendría que ser, como advierten algunos líderes de Alianza País críticos con el Régimen, una regresión de derechos, si no hay nada más legítimo que la decisión del pueblo. Concuerda incluso con el fallo de la Corte Constitucional, sobre la enmienda. Ahí también se resalta que la decisión popular es la mayor expresión de participación ciudadana. El proceso electoral que se avecina será una buena oportunidad para demostrar si existe una consecuencia política, ideológica, o un doble discurso en una facción del oficialismo.

15 de septiembre del 2017
Jorge Glas reclamó por el avión presidencial

El presidente Lenín Moreno le retiró las funciones que había encomendado al vicepresidente Jorge Glas. Ahora, el Segundo Mandatario dijo que tendrá que recorrer el país vía terrestre, porque le quitaron el acceso al avión presidencial. 

Lenín Moreno, entre el bien y el mal

El grupo de Alianza País que está más cerca del expresidente Rafael Correa y del vicepresidente, Jorge Glas, ha intentado posicionar la idea de que la crisis que enfrenta el oficialismo en la actualidad es ética. Por eso insiste en aquello de que el actual presidente Lenín Moreno se está alejando de los valores fundacionales del movimiento. Y que además está pactando con grupos políticos alejados de los ideales de la denominada Revolución Ciudadana. Así se busca reducir la situación política actual a una pugna entre el bien y el mal, en donde el correísmo -convenientemente- intenta ubicarse en el bando de los buenos. Pero la ruptura trasciende lo moral e incluso lo ideológico. Los casos de corrupción que se han ido divulgado, sobre todo en el sector petrolero y alrededor de la empresa constructora Odebrecht, dan cuenta de una presunta trama de sobornos a gran escala, en donde habría funcionarios y exfuncionarios de alto nivel de gobierno.

Además, las cifras económicas del país que han sido divulgadas por la nueva administración, evidencian que hubo un manejo inadecuado -por decirlo menos- de las cuentas fiscales durante la última década. Sobre todo en lo que tiene que ver con el endeudamiento público. Todo lo que ha ocurrido conllevaría responsabilidades no solo político-administrativas sino también penales, que a los grupos que están cuestionados conviene tener bajo el tapete. Entonces, la pugna que el país presencia en el Gobierno parecería que no tiene que ver solamente con los valores y principios de la Revolución, ni el cambio de un estilo. Lo que parece que está en juego es la voluntad o no de develar todos los hechos y alentar la actuación de la justicia de modo independiente. Ambos caminos tienen consecuencias. Pero el del combate a la corrupción y la transparencia fiscal pudiera dar al actual Gobierno el aire y el capital político suficiente por parte de la ciudadanía y de la sociedad civil para adoptar las medidas contra la crisis.

Correa aún tiene influencia en la Asamblea

El archivo del juicio al Vicepresidente del Ecuador dejó en evidencia de que el expresidente, Rafael Correa, aún tiene influencia en el Legislativo. La oposición también abonó al no poder sostener un argumento sólido para procesar a Jorge Glas

Se busca a la oposición de Ecuador

Lo sucedido en la Asamblea Nacional, alrededor del pedido de juicio al Vicepresidente del Ecuador, devela en buena medida el papel que está cumpliendo la oposición en la actual coyuntura política. La principal prueba que presentaron para dar paso al proceso en contra de Jorge Glas no tenía un valor jurídico. Por esa razón, en el Consejo de Administración Legislativa (CAL), no se podía tomar en cuenta. El oficialismo solamente tuvo que ponerlo en evidencia para archivar el proceso sin mayores dificultades. Puertas adentro, la misma oposición reconoció que no tenía un sustento de peso para insistir en el juicio. Durante casi dos meses, esa fue su mayor apuesta en el Legislativo y hubo pocos resultados. Existe una necesidad de consenso para definir una ruta a mediano y largo plazo, que vaya más allá de la fiscalización. Hay que recordar que el tema fue inicialmente incluido en la agenda por el oficialismo con el juicio político al excontralor Carlos Pólit.

De ahí que resulta vital que la oposición aproveche este momento de transición política (con el nuevo Gobierno) para pensar estratégicamente, construir una agenda propia y cumplir con su papel. Oponerse no es resistir ciegamente a cualquier iniciativa. El oponerse políticamente implica el compromiso de promover un debate; ser esa voz que rompa con las visiones únicas, dominantes y ser los portavoces de quienes no están en el poder y también merecen ser escuchados. En la campaña electoral pasada la oposición asumió el compromiso de aportar en el mejoramiento de la institucionalidad del Estado y de promover ideas, propuestas, para enfrentar la dura situación financiera que aqueja al país. ¿Qué pasó con esos ofrecimientos? Quizá sea un buen momento para discutir y poner sobre la mesa temas como el futuro del quinto poder, la ley de comunicación, la transparencia de las cifras económicas, los mecanismos más idóneos para elegir autoridades.

Juicio político a Vicepresidente divide a País

El ala más radical del partido de Gobierno, Alianza País, defiende el archivo del pedido de juicio político al vicepresidente Jorge Glas. Otro frente, más cercano al presidente Lenín Moreno, cree que debe enfrentar el proceso, para que el tema pueda resolverse y deje de ser un lastre político. 

La división en el partido de Gobierno

El nuevo Gobierno muestra señales de que intenta diferenciarse de la anterior administración. Ha otorgado cinco indultos y dispuso el retiro del cuadro de Rafael Correa de las oficinas de las oficinas que dependen del Ejecutivo. Uno de los retos pendientes es el combate a la corrupción.

¿Presidente del país o de Alianza País?

Un candidato llega a la Presidencia con el respaldo de una mayoría de votantes. Sin embargo, desde que es posesionado asume un compromiso con todos los ecuatorianos. Da igual si votaron por él o por otro candidato.

Pasa algo similar con los partidos o movimientos que auspician las candidaturas. Si bien un colectivo de personas apuesta por un proyecto político,  moviliza sus recursos en la campaña electoral y construye una base ideológica con la militancia, las decisiones en el ejercicio del Gobierno influyen en  todas las organizaciones. Carece de importancia si han suscrito o no acuerdos con el oficialismo. Representan a las diferentes tendencias que coexisten en el sistema político. Tienen el derecho -al menos en un sistema democrático- de ser escuchadas; incluidas en el diálogo.

Ese principio se desvaneció en los últimos años con el discurso de la coherencia militante. Alianza País confundió la disciplina partidaria con el centralismo político propio de los regímenes totalitarios.

Se impuso una idea única que dejó como resultado la polarización que se vio reflejada en los resultados electorales generales del 2 de abril del 2017. Esa necesaria distancia entre el Presidente de los ecuatorianos y el presidente del partido existió en un momento determinado y era aplaudida. Cuando León Febres-Cordero (de la extrema derecha)  asumió la presidencia de la República, él fue un afiliado más del Partido Social Cristiano.  Lo mismo pasó en la administración de Rodrigo Borja, ubicado en el otra tendencia ideológica.  A la Izquierda Democrática (ID) no se le ocurrió mocionarlo para que dirija el partido, como ocurre ahora
con Alianza País. Si Lenín Moreno quiere ser el Presidente de todos los ecuatorianos como ha ofrecido, quizá sea el momento de evaluar su papel en la estructura de la organización. Dejar de ser presidente de un partido no implica alejarse de los principios. Al contrario, es una muestra de coherencia y madurez democrática.

El discurso de fiscalización en la Asamblea

La Asamblea del Ecuador intenta quitarse de encima la imagen negativa que heredó. La censura al excontralor Carlos Pólit les permite mostrarse como un Legislativo que fiscaliza. Pero no actúa con la misma celeridad y contundencia, con otros procesos como el pedido de juicio político al Vicepresidente Jorge Glas, señalado por el caso #Odebrecht. 

El primer mes de Lenín Moreno

El nuevo Gobierno muestra señales de que intenta diferenciarse de la anterior administración. Ha otorgado cinco indultos y dispuso el retiro del cuadro de Rafael Correa de las oficinas de las oficinas que dependen del Ejecutivo. Uno de los retos pendientes es el combate a la corrupción.

La oposición, seducida por Lenín Moreno

La expectativa que existía en los partidos de oposición al Gobierno, sobre mantener la unidad luego de las elecciones presidenciales, se diluye con el denominado Diálogo Nacional que impulsa el oficialismo. El Gobierno ha logrado -hábilmente- atraer a los principales líderes de esos movimientos y partidos, a través de propuestas puntuales y de beneficio mutuo. El presidente Lenín Moreno se dio un apretón de manos con el líder del Partido Social Cristiano (PSC), Jaime Nebot, el alcalde de Quito, Mauricio Rodas (Suma), y la primera autoridad de Cuenca, Marcelo Cabrera (Movimiento Igualdad). Además, se ha logrado un acercamiento con el movimiento indígena, a través del primer indulto a un líder sentenciado que participó en las protestas contra el Gobierno pasado. Y, a través de siete mesas de diálogo, se espera resultados similares con otros sectores que pudieran representar un problema para la gobernabilidad.

Así, el Régimen actual aplaca un incendio antes de que se propague y se convierta en un problema real para la nueva administración. Lo hace incluso sin dejar víctimas o viudas políticas en el camino. En el pasado, la estrategia oficialista con la oposición se basó en la confrontación, el ataque mediático, la descalificación sistemática y la persecución judicial. El resultado que dejó luego de 10 años fue una polarización política que se reflejó en los resultados de los comicios generales. Casi la mitad de ecuatorianos Ahora, en esas nuevas circunstancias, la perspicacia gana terreno en Carondelet y comienza a curar las heridas abiertas. Sin embargo, para garantizar la gobernabilidad a mediano plazo, el Presidente deberá mostrar que el diálogo nacional realmente es una política pública. Y que no se trata de una distracción más para ganar tiempo, reconfigurar el poder de un partido político y volver a centralizar las decisiones de Gobierno.

La estrategia tras el indulto de Lenín Moreno

El Gobierno de Ecuador trata de lograr un doble rédito con el indulto a un líder indígena. Por un lado envía el mensaje a la opinión pública de que cumple con sus promesas y está dispuesto al diálogo y, por otro, intenta mostrar que las decisiones las toma el Presidente electo y no su antecesor. El sector indígena está en medio, sin una ruta clara

Lenín Moreno necesita orden casa adentro

Lenín Moreno debe generar las condiciones necesarias para gobernar sin mayores inconvenientes ahora que ha sido posesionado oficialmente como Presidente. Su política tendrá que ir más allá de tender puentes con actores de la oposición como partidos políticos, sindicatos, movimientos sociales, indígenas, ecologistas... Será fundamental que Moreno logre de forma paralela una gobernabilidad interna para tener el espacio suficiente de acción y tomar las decisiones que serán necesarias en un escenario complicado: de crisis económica y de polarización política. El movimiento de gobierno Alianza País (AP) inició como una convergencia de espacios ciudadanos y sociales alejados del sistema tradicional de partidos. Pero luego de diez años enraizado en el poder se ha convertido en una suma de frentes con agendas e intereses propios que se manifiestan en constante pugna. Otrora, el resquebrajamiento del movimiento se evitó

gracias a una figura dominante, autoritaria, que logró una gobernabilidad puertas adentro. Moreno ahora ofrece un liderazgo distinto; de diálogo, apertura, de escucha, algo a lo que esos grupos no han estado acostumbrados en los últimos años. Por eso el reto que tiene es enorme, pero necesario. Entre las bases de militantes que están alrededor de AP también hay una división marcada. Unos aplauden el cambio de estilo. Están convencidos de que es hora de promover una reconciliación nacional. Son quienes se alejaron de forma progresiva del oficialismo y ahora ven en Moreno una oportunidad para redireccionar el proyecto político. Los otros, en cambio, acaso añoran la rudeza. El Presidente dio un paso importante prescindiendo en su nuevo gabinete de figuras que representaban a ese sector. Pero si quiere gobernar tendrá que ordenar su nueva casa; no ceder a las presiones internas y priorizar los objetivos nacionales antes que los de grupos enconados en la disputa del poder

El Gobierno creó una imagen de Presidente-padre

El presidente Rafael Correa deja la Presidencia del Ecuador, pero el escenario más probable da cuenta de que seguirá influyendo en la vida política. Esto podría convertirse en un problema para su sucesor, Lenín Moreno, sobre todo porque ha ofrecido un cambio en la forma de Gobernar.  

Más negociadores, menos 'levantamanos'

En el periodo que fenece de la Asamblea Nacional, la negociación pública y el debate se convirtieron en una suerte de malas palabras. En las comisiones y en el Pleno primó el argumento oficialista. Es decir, que la mayoría legislativa se debe a un movimiento y que por tanto tiene la responsabilidad de ser “orgánica” y guardar una coherencia partidaria y disciplinaria. Pero lo único que se logró con eso fue la imposición de una sola visión en la agenda legislativa; precisamente la oficialista. Los puntos en contra, las diferencias, las observaciones -es decir todo aquello que enriquece el debate y permite tener leyes más incluyentes, integrales, democráticas- quedaron fuera de la lógica legislativa. Ahora, el nuevo periodo legislativo representa una oportunidad para dar un giro. Y no solo de estilo, sino de fondo en la construcción del marco jurídico del país. La negociación pública, abierta, es fundamental en una Asamblea. Es la razón de ser de esa función del Estado.

Que un legislador comprometa su voto con otro, a cambio de que apoye una ley o una reforma que sirva para mejorar la vida de las personas que lo eligieron es totalmente legítimo. No debe escandalizar. Los representantes en la Asamblea se deben a sus electores, a quienes les pidieron que los representen y no a una estructura política o a un buró. No se trata tampoco de volver a la época en que no existían mayorías absolutas de un partido y era el escenario ideal para que el ‘hombre’ del maletín’ ronde el Congreso Nacional consiguiendo votos a cambio de dinero. O cuando los asambleístas seguían agendas propias, en reuniones reservadas, en función de aspiraciones políticas y al margen de las inquietudes y necesidades de sus electores. La Ley establece los límites de la negociación. Pero se necesita de una voluntad política de una mayoría, que seguirá en manos de Alianza País, para que la legislación sea efectivamente plural e incluyente.

Tres grupos tras el mando de Alianza País

Alianza País, el partido de Gobierno, es obligado a cambiar su lógica de funcionamiento y estructura. Con Rafael Correa fuera de la Presidencia, esa pirámide de mando vertical que se había impuesto tambalea. Ahora, lo que se avisora es que los frentes internos y sus cabezas visibles pugnen por la dirección del partido y el país. Por un lado, quienes están cerca del nuevo Mandatario Lenín Moreno, por otro los 'correistas' y hay un tercer grupo alrededor del Vicepresidente Jorge Glas. 

A. País repite el libreto de hace 10 años

Cuando el movimiento oficialista Alianza País (AP) ganó por primera vez la Presidencia, hace poco más de 10 años, el país estaba resquebrajado. Tres presidentes habían sido derrocados entre 1996 y 2005. Los partidos tradicionales pasaban por su peor momento y la institucionalidad estaba trastocada. A. País se mostró entonces como el movimiento del cambio; el que podía volver a unir al Ecuador. Buscó -y logró- el apoyo del movimiento indígena, de las organizaciones de la sociedad civil, de los maestros, de los sindicatos, de los grupos de defensa de las mujeres y de una facción ‘progresista’ del empresariado. El movimiento era consciente de que recuperar la gobernabilidad dependía en buena medida de la inclusión de los sectores que en otrora fueron determinantes en la caída de los mandatarios. Además, que era vital para la administración una participación directa en la toma de decisiones. Por eso incluso se consideró a figuras de esos frentes para armar el primer gabinete de Gobierno.

Luego, de forma paulatina, los promotores de esa apertura del diálogo nacional salieron de AP. El Gobierno no solo se alejó de los sectores con los que llegó al poder, sino que logró dividirlos, como una continuación de esa estrategia para lograr la gobernabilidad, hasta llegar a la actual   polarización, que se vio reflejada en las elecciones generales pasadas. Casi una mitad del país optó por una opción diferente al actual modelo. En esas circunstancias, AP trata de repetir el libreto. Nuevamente habla de diálogo nacional, de un reencuentro por los objetivos nacionales, de una reconciliación con los grupos que ahora podrían convertirse en una piedra en el zapato del nuevo Régimen. Aunque ahora hay otros protagonistas. Lenín Moreno, presidente electo, tiene la responsabilidad de despejar si -como en el pasado- este llamado es solamente parte de la misma estrategia política de AP de los últimos años o hay un verdadero interés de cambio.

A. País no será el mismo sin Rafael Correa

Tras la oficialización de los resultados electorales de Presidente y Vicepresidente del Ecuador, el oficialismo y la oposición trazan el camino a seguir. Por un lado Alianza País debe enfrentar las divisiones internas para definir el nuevo equipo de Gobierno. Creo y PSC están llamados a superar sus diferencias si quieren lograr un bloque de oposición importante y proyectarse a las siguientes elecciones locales del 2019.

¡Que bueno que exista oposición¡

Por primera vez en diez años, los resultados electorales presidenciales 2017 pusieron al descubierto la división política que encarna Ecuador. Un 48,85% de electores votaron en contra del actual modelo de Gobierno. En un sistema democrático eso debería ser bien recibido tanto por ese 48,85%, como por el otro 51,15% que está de acuerdo con la denominada Revolución Ciudadana. El contrapeso político es indispensable porque evita que las decisiones se tomen con base en un pensamiento único, totalitario. Y, consecuentemente, hace que esas mismas decisiones se enriquezcan del debate y el desacuerdo. Una oposición seria es necesaria para establecer límites al poder establecido, para hacer una veeduría de lo público; el uso de recursos y bienes del Estado. Sin embargo, para que eso sea una realidad hace falta de la voluntad y el compromiso de ambas partes. El Gobierno debe establecer canales de diálogo que estén siempre abiertos a todos los actores que piensen diferente.

Pero no solamente como un ejercicio para ganar tiempo durante los primeros días de administración y evitar que la oposición sea una piedra en el zapato en las calles, con manifestaciones y protestas. Todo lo contrario, el nuevo Régimen debe mostrar una voluntad política real. Esto implica considerar en su ruta de trabajo los otros puntos de vista. La oposición, en cambio, debe convertirse en ese canal a través del cual se pueda transmitir las necesidades, aspiraciones, críticas de quienes votaron en contra del oficialismo. Pero sobre todo las propuestas que puedan contribuir a la gestión del Gobierno. De nada sirve una oposición estéril, que no pueda ir más allá de las quejas, los comunicados públicos o las concentraciones populares. O que impida la unidad de los distintos sectores, por los problemas personales e intereses particulares que puedan existir entre sus principales líderes políticos.

Por el respeto a la voluntad popular

Frente a las diferentes inquietudes para preservar la pureza del sufragio este 2 de abril, cuando se desarrollará la segunda vuelta para elegir al nuevo Presidente y Vicepresidente del Ecuador, el papel de las misiones internacionales adquiere una relevancia mayor. Si bien sus representantes no son actores políticos partidistas, ni pueden inmiscuirse en asuntos internos del país, su acompañamiento sumará a la confianza de un proceso que ha sido señalado tanto desde el oficialismo como de la oposición. El Consejo Nacional Electoral (CNE) debe facilitar -como se ha comprometido- la tarea en las juntas receptoras del voto a los observadores que han sido acreditados. También velar para que cuenten con las condiciones para acceder a la información pública y oficial de la jornada electoral sin contratiempos. Los integrantes de las misiones, por su parte, están llamados a conducir la veeduría electoral con imparcialidad, equilibrio y dentro de la normativa interna.

Sin favorecer a uno u otro candidato ni declarar el triunfo de una candidatura o una tesis de cualquiera de los postulantes. Eso deberá reflejarse también en sus informes técnicos posteriores que, aunque no son vinculantes, han permitido mejorar los procesos democráticos en el país, con la implementación de algunas observaciones. En la primera vuelta electoral, una de esas observaciones estuvo dirigida a los actores políticos que pasaron al balotaje. Se pidió que no festejen (como ocurrió en las elecciones pasadas) ni se den por ganadores antes de que sean proclamados los resultados oficiales, porque eso ahondó la incertidumbre entre los votantes y no ayudó a tener un ambiente de paz. Sobre todo porque los resultados para conocer si había una segunda vuelta electoral resultaron apretados. Si algo similar ocurre en la jornada del siguiente domingo, esa violación al silencio electoral puede ser nociva para el proceso y la democracia en el país

Alerta que camina el populismo por América Latina

El político populista es como el personaje del lobo feroz en el cuento de la Caperucita Roja. No tiene empacho para mentir, engañar o disfrazarse de lo que sea necesario con tal de conseguir su objetivo. Así como el lobo se vistió de abuelita para intentar atraer a la niña de traje rojo y engullirla, de igual manera el populista se coloca la etiqueta de izquierda o derecha política, según convenga, para lograr el voto popular y llegar al poder o mantenerlo. Puede también mostrarse como la figura amable, humana, sensible con las necesidades de la población. O también como el estadista, el mejor preparado por su experiencia para dirigir un país. Pero no le importa, una vez en el poder, cumplir con sus ofertas de campaña; la entrega de casas gratis, quitar el subsidio de los servicios básicos o que las familias puedan acceder a educación de calidad sin tener que pagar un centavo. El populista gobierna para sí mismo y su entorno cercano.

Por eso se ha convertido en uno de los mayores males de la democracia en la Región. Aunque gracias a un aparato propagandístico que construye logre vender una idea diferente. Responsabilizan de los males y sus errores a los opositores o a quienes se atreven a denunciar las irregularidades. Usan la distracción como estrategia política. Enfrentan a las personas marcando fronteras entre ‘pueblo y no pueblo’, ‘ricos y pobres’, ‘la oligarquía y la gente de a pie’. Es en ese contexto de polarización donde logra construir la imagen -siempre alrededor de un líder carismático- del representante de ese pueblo; el mesías capaz de salvarlo y resolver todos los problemas de la población. Las campañas políticas, como la que actualmente se desarrollan en Ecuador, son los escenarios más oportunos para identificar a los populistas. Llegan con un abanico de ofertas bajo el brazo. Pero es la gente, finalmente, quien con sentido crítico puede castigar o no en las urnas a esos lobos vestidos de abuelitas.
 

La importancia de la alternabilidad

El que una persona, partido o proyecto político persista en el poder atrae peligros. Uno es que permite concentrar de forma paulatina el control de las instituciones y funciones del Estado; lo que implica, a su vez, el riesgo de que sean utilizadas para beneficio propio. Por ejemplo, para ocultar los casos de mal uso de fondos y bienes públicos, sobornos, contrataciones al margen de la Ley, excesos en la administración... También para crear un sistema jurídico electoral que le concede ventajas frente a los otros actores políticos. En la Constitución del Ecuador (2008), la alternabilidad de los funcionarios se reconoce como un valor máximo de la democracia. De hecho es una exigencia para la conformación de las organizaciones sociales, los consejos de igualdad, pero ya no para las autoridades de elección popular. Las enmiendas aprobadas por la Asamblea Nacional en diciembre del 2015 -con una mayoría oficialista- dieron paso a la reelección indefinida.

Esta regirá desde el siguiente 24 de mayo del 2017 creando el caldo de cultivo para que cualquier Gobierno, independiente de su tendencia política, pueda enquistarse. La alternabilidad es fundamental para un sistema democrático porque permite poner límites a los abusos del poder, facilita la fiscalización, el control y la transparencia de la gestión pública. En los países de la región, la alternabilidad es un factor común. Sostiene el sistema de elecciones en Colombia, Brasil, Argentina, Chile, Perú; con algunas particularidades. Pero hay un caso puntual donde no ocurre lo mismo: Venezuela. El proyecto que inició Hugo Chávez (+) lleva 18 años y ahora enfrenta una polarización política y una crisis económica importante. En el Ecuador, en cambio, desde el retorno a la democracia en 1978 no hubo ejemplos de gobiernos que hayan repetido el Mandato, salvo el último, que se ha convertido en sui generis con 10 años en el poder y la posibilidad real de estar otros cuatro.