¿A qué precio se combate la corrupción?

Monseñor Luis Alberto Luna Tobar decía que nadie lucha de frente contra el poder corrompido a cambio de nada. No solo por miedo, sino también porque pocos tienen el capital político y moral que se requiere para encararlo. Sobre todo, cuando se tocan intereses de estructuras que son parte o están vinculadas al Gobierno de turno.


Quienes asumen la tarea de enfrentar la corrupción, pocas veces pueden obrar de forma independiente. Se mueven al vaivén de la coyuntura política, a cambio de poder económico o político.


Léase lo ocurrido con el excontralor Carlos Pólit. Él fue condenado a seis años de cárcel por concusión, debido a su participación en el entramado de corrupción relacionado con la constructora Odebrecht.


De acuerdo a las autoridades judiciales del país, Pólit se benefició de al menos 10 millones de dólares, desde 2007; cuando asumió el cargo. Todo a cambio de desaparecer glosas que se establecieron en contra de esa firma brasileña y de emitir informes favorables para que el Estado entregue contratos de obras. Fue selectivo en el combate a la corrupción y dejó pasar determinados casos.


Lo curioso es que antes de que el escándalo lo aborde y fugue a Estados Unidos, Pólit construyó una imagen de férreo defensor de los recursos del Estado y de ávido combatiente de la corrupción. Siempre aupado por el Gobierno de turno. En ese entonces del expresidente Rafael Correa, también sentenciado a ocho años de cárcel, pero por el caso Sobornos.


El Legislativo incluso le entregó una condecoración que luego tuvo que anularse tras conocerse de la participación de Pólit en la red de corrupción. Fue el mejor puntuado en el examen de la última selección y el expresidente Correa lo ensalzaba cada vez que tenía oportunidad.


Pero como reza el dicho: ¡el que mucho ostenta, de todo carece! Cuando alguien se autopromociona como adalid del combate a la corrupción y es exaltado por el poder de turno, cabe una duda razonable: ¿A cambio de qué? Nadie lucha contra los grandes poderes a cambio de nada. Ni mueve la parafernalia comunicacional para promocionar una labor que está obligado a realizar por sus funciones.


Más aún cuando se avecinan las elecciones generales donde se elegirá al nuevo presidente o presidenta de la República. El país está en un estado de hastío por la corrupción y por el mal manejo de la política y la economía por parte de los líderes tradicionales. Hay en el ambiente una urgencia por encontrar a esa figura ‘outsider’ que pueda aglutinar a la mayor cantidad de fuerzas políticas y atraer la simpatía de la ciudadanía.


Muchos apuestan a que precisamente esa figura salvadora de la crisis moral y ética del Ecuador se erija del combate a la corrupción y la exposición mediática. No faltan quienes consciente o inconscientemente aplauden y se vuelven parte del guión. Estamos tan acostumbrados a esperar poco o nada de las autoridades que integran el sistema de justicia, que cuando hacen lo que les corresponde, o aparentan hacerlo, los aclamamos como si dieran la milla extra.


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