Asamblea, a la deriva

Actualizado: 10 mar

El mal tiempo en altamar es difícil de sortear cuando se improvisa en la navegación. Para que un barco llegue a puerto, se requiere de mucha preparación, planificación y conocimiento.


El principio se aplica sobre aguas profundas, pero también en la gestión de las instituciones públicas que flotan en medio de otro tipo de borrascas: las políticas. Lamentablemente, en la actualidad, algunas van a la deriva.


La Asamblea Nacional es un claro ejemplo. Deambula sin rumbo, ausente de liderazgo, desorganizada, caótica, sin una agenda clara de fiscalización y legislación, ni metas a corto, mediano y largo plazo que permitan trazar una ruta a puerto seguro.



La coyuntura marca las agendas de la mayoría de los legisladores y las crisis que se generan hunden cada vez más ese navío. De acuerdo a la encuestadora Perfiles de Opinión, más del 81% de la población calificó en enero pasado como mala o muy mala la gestión de la Asamblea.


En la última semana, para no ir muy lejos, hubo una apelación a la Presidencia del Legislativo, enfrentamientos verbales en el hemiciclo, falta de quórum para instalar un Pleno, la ausencia de votos suficientes para tomar decisiones en el Consejo de Administración Legislativa, denuncias ante la Fiscalía y pedidos de investigación para varios legisladores.


Estamos frente a una crisis institucional que será imposible resolver si se mantienen a los mismos actores políticos. Muchos de los que están al frente del Legislativo, y de los diferentes bloques y Comisiones (salvo contadas excepciones) carecen de las competencias mínimas para ejercer de forma responsable estos cargos.


Sus intervenciones, propuestas y acciones diarias evidencian el total desconocimiento de los procesos legislativos, los temas que se tratan y el alcance de sus deberes y atribuciones. 37 asambleístas no han presentado un solo proyecto de ley en nueve meses y más de 15 tienen expedientes abiertos en la Contraloría.


Son el producto de la providencia. Lograron sus curules gracias al arrastre del presidenciable, los partidos políticos y la fórmula para distribuir los escaños, en las últimas elecciones.


Una tripulación con experiencia, comprometida y consciente de la importancia de remar hacia un mismo destino es fundamental para enrumbar un barco. Así como tener frente al timón un liderazgo asertivo, conciliador y con la habilidad de encontrar siempre el rumbo en las peores condiciones.


Si queremos que esa embarcación no naufrague, llevándose consigo a un país, es indispensable apoyar una depuración democrática. No con una 'muerte cruzada', que solo ahondará la crisis, sino denunciando a los malos legisladores para que sean destituidos y caminen por la plancha del barco como los piratas de antaño.

Pueden leer más aquí:

¿Acuerdo o chantaje legislativo? El verdadero poder de las mesas legislativas

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