Efecto de la baja credibilidad del Gobierno, en la lucha contra el coronavirus

Por: Andrés Jaramillo C



Los efectos de la baja credibilidad de un Gobierno suelen leerse generalmente en términos estríctamente políticos. En un contexto electoral (si le alcanza para ganar elecciones) y como un termómetro de la gobernabilidad (si tendrá el músculo para adoptar una medida dura).


Pero la credibilidad tiene una importancia mayor. Es el principal recurso que puede tener un Gobierno especialmente cuando debe lidiar con una crisis de distinta índole, como la que enfrenta Ecuador por la pandemia del coronavirus (covid-19).


Si la mayor parte de la población no cree en la palabra del Presidente o en la de un ministro de Estado, cualquier cosa que digan ellos genera más dudas, desconfianza y facilita la proliferación de la desinformación, en lugar de ayudar a superar la crisis.


En especial entre quienes prefieren creer en las noticias falsas y mitos que circulan a través de las redes sociales sin firma de responsabilidad.


La consecuencia:


1) Pánico generalizado por el coronavirus, pese a que el Gobierno ha dicho que es prevenible con medidas sencillas como lavarse las manos de forma frecuente.


2) Aglomeración en los supermercados por miedo a que haya un desabastecimiento de víveres que el Régimen ha asegurado que no existirá.


3) Dudas de la gente sobre si debe retirar los fondos de las cuentas bancarias ante el rumor de que puede darse otro feriado bancario.


El Gobierno no podrá revertirlo con la urgencia que se necesita. Recuperar la confianza implica un proceso largo y complejo; demanda un ejercicio constante de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace; algo que le ha costado mucho a la actual administración.


Las encuestadoras más importantes del país coinciden en que su credibilidad es de las más bajas en la historia. En promedio, solo 2 de cada 10 ecuatorianos creen en el Gobierno y en la palabra del Presidente.


Frente a esto, y considerando cómo evoluciona la crisis por el coronavirus, las instituciones que aún cuentan con credibilidad tienen una responsabilidad crucial con el país: sumarse a una gran cruzada nacional por la prevención.


Universidades, colegios, escuelas, Iglesia, Fuerzas Armadas, Sociedad Civil, medios de comunicación, gremios... ¡Todos! sin escatimar recursos y esfuerzos, poniendo su contingente humano y canales de comunicación, para evitar que el peor virus: la desinformación, se cobre vidas humanas.

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