'Hijueputa'

Primer acto. La nueva mayoría correísta aprueba en la Asamblea Nacional del Ecuador, una reforma a la Ley de Comunicación que recoge el espíritu restrictivo a la libertad de expresión.


Segundo acto. Los representantes de los gremios de periodistas, analistas y la misma prensa alertan en los medios de comunicación sobre el peligro de la reforma. Además, exhortan al presidente Guillermo Lasso para que vete totalmente la normativa.


Tercer acto. El entrevistador Carlos Vera invita al presidente de la Asamblea Nacional, Virgilio Saquicela, a debatir sobre la reforma a la Ley de Comunicación en su espacio de radio y le dice 'hijueputa' en vivo. Solamente por estar de acuerdo con el contenido de la normativa.



El exabrupto alentó a quienes creen que los castigos son necesarios para controlar a la prensa, pues se convirtió en una muestra de los excesos.


Cuarto acto: reflexión. El periodismo, así como cualquier área del conocimiento, tiene buenos y malos representantes. Hay quienes obran con el hígado y no con inteligencia; desde la vendetta personal o siguiendo una línea editorial en particular.


También hay quienes en lugar de aplicar un procedimiento periodístico que implique contrastar, verificar y contextualizar, prefieren convertir los simples testimonios en noticias o buscan fuentes solamente para justificar un título preconcebido.


Hay, así mismo, quienes replican noticias de otros portales y medios sin contrastar y quiénes alquilan sus redes sociales para desprestigiar a alguien en particular.



Pero también hay de los otros. Profesionales que entienden que la prensa no está para alabar ni aplaudir a las autoridades por hacer el trabajo que les corresponde. Que develan lo que el poder quiere ocultar con rigurosidad.


Que investigan, que analizan, que buscan innumerables fuentes y pueden defender con evidencias cada afirmación de sus publicaciones.


Para los primeros ya existe una legislación que sanciona la calumnia, el odio o la difamación (Código Penal). Todos tenemos derecho a plantear las denuncias que consideremos pertinentes y defendernos.


No es necesaria, por tanto, otra ley específica que use como pretexto la sanción a los malos comunicadores para ser un instrumento de persecución e intimidación.


Ningún exabrupto puede tomarse como regla general, ni socavar un derecho fundamental como la libertad de prensa.


Si quieren leer más columnas de análisis, no olviden dar clic aquí: Narco-mediatización de la comunicación Expertos en el 'dejo'



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