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Los cinco retos de González para la segunda vuelta electoral

Aunque el correísmo logró pasar a la segunda vuelta electoral presidencial -y se convirtió en la principal fuerza política del legislativo- el triunfo aún les sabe entre dulce y amargo.


Ellos trabajaron para ganar en primera vuelta y tener una mayoría simple en la Asamblea Nacional. Eran y son conscientes de que un balotaje no sería sencillo. Ahora, deberán enfrentar al menos cinco retos.


Primero. Tanto Andrés Arauz, como Luisa González, cargan a cuestas un estigma notorio. En el caso de la presidenciable, por su desafortunada participación en el debate presidencial y en cuanto al vicepresidenciable por sus declaraciones en torno a la ecuadolarización y los más buscados.


Si no reconstruyen su reputación, difícilmente podrán ser esos líderes que movilicen e inspiren a los votantes. Alentarán a la militancia que desde un principio planteó que había mejores cuadros en sus filas para asumir esas dignidades, como Carlos Rabascall y Marcela Aguiñaga.

Foto tomada del Facebook de Luisa González


Segundo. Tienen un techo de votación. En las últimas tres presidenciales no han pasado del 40%. Si insisten en acorazarse en sus comunidades de convencidos será imposible que sumen más voluntades. Daniel Noboa, en este sentido, tiene una ventaja estratégica porque es un candidato que ha demostrado no solo que puede crecer, sino que es capaz de robar votos.


Tercero. Una de las grandes lecciones de la primera vuelta electoral fue que hay un importante segmento de votantes que está hastiado de la pugna, la polarización y la retórica belicosa. Si el correísmo no baja el tono, hace una campaña más optimista y habla del futuro, los jóvenes seguramente volverán a darles la espalda.


Cuarto. En medio de la campaña sucia, y la ola de violencia en el Ecuador, se logró posicionar al ‘frame’ de que el correísmo era la representación política de las mafias y el crimen organizado. Además, que había motivos para sospechar que podrían estar detrás de los graves hechos que cambiaron el rumbo de las elecciones. Desmontar ese rumor será indispensable -y nada fácil- para su equipo de campaña.


Quinto. El expresidente Rafael Correa es el principal patrimonio político, pero al mismo es el mayor ‘stopper’. Cuando la oposición logra provocarlo -lo cual es cada vez más sencillo- sus desproporcionadas reacciones ahuyentan a los nuevos electores que prefieren un Gobierno de consenso y uno que augure odio y revancha.


Frente a este escenario, es fundamental asumir la segunda vuelta con mesura y prudencia. Sin caer en los triunfalismos ni creer que es solo cuestión de tiempo llegar a la presidencia.


La dirigencia debe escuchar más a sus bases y dejar que sean protagonistas. No puede repetir las fórmulas que se aplicaron en la primera vuelta electoral y, al mismo tiempo, debe procurar, con humildad, tender puentes para aglutinar a más fuerzas grandes y pequeñas que les permitan crecer. Por ejemplo, con parte del movimiento indígena que cree en su proyecto, las asociaciones municipales y provinciales, las asociaciones gremiales que se crearon en su Gobierno, entre otros.


Si no lo hace, podría ocurrir lo mismo que en el 2021 cuando Guillermo Lasso les arrebató el Gobierno Nacional y tuvieron que conformarse con ser apenas oposición.


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