Nadie sabe para quien protesta

Actualizado: hace 6 días

Nada garantiza que el movimiento indígena llegue al poder, si se da el escenario no consentido de que el presidente Guillermo Lasso sea derrocado. Históricamente, los levantamientos de los pueblos y nacionalidades han sido aprovechados por el poder fáctico. ¿Qué les hace creer que esta vez será diferente?


Recordemos. El 6 de febrero de 1997, el movimiento indígena fue clave para la salida del expresidente Abdalá Bucaram. A quien correspondía la sucesión era a Rosalía Arteaga, entonces vicepresidenta.


Sin embargo, fue nombrado como presidente interino Fabián Alarcón, titular del Congreso Nacional. Arteaga reveló que antes de que los hechos se consuman recibió una llamada del líder socialcristiano León Febres-Cordero.


Él le ofreció su apoyo, a cambio de que le permita nombrar a todos los Ministros de su gabinete. Ante la negativa, el Partido Social Cristiano (PSC), el Frente Radical Alfarista (FRA) y la Democracia Popular (DP) sostuvieron al interino con la complicidad de las Fuerzas Armadas.


El 21 de enero de 2000, en cambio, el alzamiento indígena aceleró la caída del presidente Jamil Mahuad, luego de que dispuso la dolarización. Sin embargo, y pese a que su representante Antonio Vargas fue parte del triunvirato que tomó el poder, pocas horas después fue desconocido.



Gustavo Noboa, vicepresidente de Mahuad, asumió el mandato con la venia de los militares y el PSC, que tenía una gran influencia en el Congreso Nacional de ese entonces.


El 20 de abril de 2005, en cambio, la persona que posesionó como presidente a Alfredo Palacio, luego de que Lucio Gutiérrez fuera derrocado, fue Cinthya Viteri, entonces diputada por el Partido Social Cristiano - Madera de Guerrero.


Ella fue elegida como presidenta del Congreso, luego de que una mayoría legislativa sacó a Omar Quintana, del PRE. El propio Palacios reconoció posteriormente, en El Castigo Divino, que el día del derrocamiento recibió una llamada de León Febres-Cordero y que fue deliberante para aplacar las protestas y reconocerlo como Presidente.


En la actualidad, ante un nuevo levantamiento indígena, hay dos fuerzas políticas que se frotan las manos ante una salida presidencial. El mismo PSC, para retomar el poder tras su ruptura con el oficialismo: y el correísmo, que sueña con volver para echar tierra a la corrupción y las investigaciones sobre sus aparentes vínculos con el crimen organizado.


Nadie sabe para quién protesta


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