¿Por qué el correísmo aceptó tan fácilmente los resultados electorales en Ecuador?

La sorpresiva derrota en las elecciones generales del Ecuador puso al correísmo en una encrucijada. Sus líderes tuvieron que escoger entre asumir el rol de un mal perdedor o interpretar el papel de un demócrata descontento.


Lo primero implicaba la impugnación de los resultados oficiales, hablar de un robo electoral, encender las redes sociales y movilizar a las pocas bases que le quedan para provocar el caos.


El correísmo optó por lo segundo. Aceptó la decisión de los ecuatorianos en las urnas, su candidato Andrés Arauz llamó a Guillermo Lasso para desearle éxitos en su ejercicio presidencial y hasta el expresidente Rafael Correa ofreció garantías para la gobernabilidad.

Andrés Arauz acepta la derrota. Fuente: Teleamazonas


Algo similar -aunque con las distancias del caso- ocurrió en Argentina, en 2015, cuando llegó al poder la centro derecha de Mauricio Macri. Entonces, el kirchnerismo reconoció los resultados, deseó éxitos al nuevo mandatario y vendió la imagen de que era respetuoso del sistema democrático, sin dejar de consignar su descontento con el nuevo gobierno.


Esto le significó al menos dos aciertos, que también las tendrá el correísmo en Ecuador. El primero: evitar el desgaste de su movimiento, que atraviesa el peor momento.


La derrota alentó las pugnas internas, frenó la posibilidad de tomar el control de la Asamblea Nacional y los espacios de poder en las provincias. Además, alentó un ambiente de desesperanza entre sus electores y frenó la posibilidad de que Rafael Correa retorne. Entrar en una pugna electoral habría significado la profundización de estos problemas, otra derrota política pública y un golpe a su capital financiero.


El segundo acierto tiene que ver con el papel de demócrata descontento que ha asumido. Si el nuevo Gobierno cree en su oferta de gobernabilidad y le concede una tregua política, el correísmo logrará el espacio de acción suficiente que necesita para reconstituir sus fuerzas.


Así, en el caso no consentido de que Guillermo Lasso se equivoque y no logre responder a las demandas urgentes de los ecuatorianos, la Revolución Ciudadana tendrá nuevamente las condiciones para retomar su papel de oposición dura y hacer lo que mejor sabe: responsabilizar al otro de los males del país, capitalizar políticamente el caos y retomar el poder como ya ocurrió en Argentina.


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