Quito y la política de la "chupipanda"

La fiesta, el padrinazgo, el pregón y la bailanta han sido utilizadas como mecanismos de persuasión política desde el apogeo del populismo en Ecuador, en la década de 1930, y subsisten hasta la actualidad.


Los votos y las adhesiones se han conseguido en "chupipandas" populares. Entre tragos, comidas y bailes de medianoche. Con caciques de turno dispuestos a interpretar el papel de generosos anfitriones.


Por eso, no resulta sorprendente ver cómo aún se apela a estas prácticas populistas para ganarse la simpatía de las masas y obtener el capital político necesario para tomar decisiones. En especial cuando se trata de celebrar fiestas patronales o fechas históricas, como los 487 años de la Fundación de Quito.


Sin embargo, sí sorprende y preocupa que se apele a estas concentraciones populares cuando el mundo lidia con un virus cuyo rostro muta, se vuelve cada vez más transmisible y amenaza con llegar a Ecuador.


El consumo excesivo de alcohol y drogas, sumado a grandes concentraciones de personas sin utilizar mascarilla, han demostrado ser factores propicios para el contagio de COVID-19. Por desgracia, pronto se verán los resultados negativos de haberlo permitido durante unas fiestas de Quito que, además, le costaron a la ciudadanía cerca de USD 2 millones.



Las alarmas fueron levantadas en su momento, pero se omitieron. Parecería que en el Palacio Municipal hay una necesidad política que sobrepasa cualquier consideración para precautelar la vida.


Al tener una administración reciente, producto de una causalidad jurídica y política -que devino en la salida del anterior alcalde de Quito electo en la urnas- da la sensación de que se busca desesperadamente legitimidad.


Ante la ausencia de obras de envergadura para mostrar a la ciudadanía y la falta de gestión y decisiones acertadas para enfrentar los problemas profundos de la ciudad como la movilidad y la seguridad, se impone la política de la "chupipanda".


Quito merece más que eso. Necesita recuperar ese espíritu rebelde que la convirtió en la capital política del Ecuador y en un referente de desarrollo; esa sería la mejor forma de celebrar los 487 años de Fundación.


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